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A Bob Dylan se
lo seguía viendo como un cantante folk cuando entró a un
estudio de New York para grabar Highway 61 reviseted, en
junio de 1965. Ese disco marcaría su transición hacia el
rock propiamente dicho, y para la ocación contrató a un
joven guitarrista de blues de Chicago, llamado Mike
Bloomfield, quien nunca había tocado en una seción
profecional. Luego, cuando Dylan estaba a punto de grabar Like
a rolling stone, Al Kooper -un habitué del estudio- se
sentó en el órgano, instrumento que apenas sabía tocar.
"De principio a fin estaba en estado de shock",
confiesa Kopper, que tocó todo el tiempo un octavo más abajo
de nota atrasado respecto a los demás músicos porque quería
estar seguro de cada cambio de acorde antes de pulsar las
teclas. Pero a Dylan le encantó cómo el órgano transformaba
la canción con sus rugidos de fondo mientras él vocalizaba
la mordaz imaginería verbal de la letra. Por eso,
indicó al productor Tom Wilson que en la mezcla final subiera
le volumen del instrumento de Kooper. En agosto, Like a
rolling stone ya era el tema Número Dos de los Estados
Unidos, sentando un precedente en la transmición radial de la
música pop con sus hasta entonces impensables seis minutos de
duración. "Mi incompetente ejecución del órgano, de
repente se había convertido en una estampa del nuevo
sonido Dylan", se sorprende Kooper. Con la épica Like
a rolling stone, Dylan derribó los conceptos que
determinaban cuánto debía durar un simple de música pop y
qué cosas podía decir. El tema incluía preguntas
("¿Qué sentís/ al estar solo/ sin rumbo que te lleve a
tu casa?") que reflejaban la furia y la confución
reinantes en los tumoltosos 60. Bruce Springsteen resumió
así su importancia: "Dylan fue un revolucionario. Así
como Elvis nos liberó el cuerpo, Bob nos liberó la
mente". |